Esta semana, en nuestro Blog:
Crowded House en Sant Jordi Club.
Texto y fotos a cargo de Carlos Buendía.
Han pasado ya bastantes años desde que vi por última vez a la banda australo-neozelandesa Crowded House en la sala Razzmatazz 2 de Barcelona.
Una sala por entonces ajustada a la banda, que pocos conocíamos, a excepción de unos pocos temas que sonaban en cualquier radio fórmula sin descanso.
Me hacía especial ilusión volver a verlos después de tanto tiempo, ver cómo habían evolucionado y qué tal era su directo.
Si bien es cierto que estoy suscrito a su newsletter y estoy al tanto de sus novedades, no había apenas escuchado su nuevo disco ‘Gravity Stairs’, sacado hace apenas unos meses, pero era de agradecer que Crowded House saliesen a defender en la gira ese nuevo larga duración.
El hecho que el concierto se celebrase en un sitio como el Sant Jordi Club despertaba mi curiosidad.
¿Tanto había crecido esta banda de pop Crowded House como para llenarlo? ¿Me había perdido algo en todo este tiempo? Recuerdo haber estado allí en un concierto que dio el gran Peter Frampton, pero era con sillas en la pista.
Al llegar al recinto se despejaron todas las dudas. Habían ocupado sólo la mitad de la pista, cerrada mediante una gran cortina. Nada de gradas ni sillas.
Aun así, se agradeció ya que no estuvimos para nada apretados, y se pudo disfrutar del concierto, algo de agradecer a los organizadores.
Pasaban apenas unos minutos cuando saltó a la pista, como telonero, uno de los hijos de Neil Finn, en este caso, Liam.
Me chirrían bastante algunas cosas en cuanto a los teloneros: la primera y más importante: que no se de cabida a ninguna banda local, es algo que debería ser casi obligatorio, aunque la banda traiga su propio telonero.
Y la segunda, que uno de los componentes de Crowded House en este caso, sea el propio telonero.
Esto ya pasó en el concierto de The Who, que salió a hacer los honores el propio hermano de Townshend.
El pequeño concierto que ofreció Liam fue, a mi parecer, algo fuera de lugar y más bien para olvidar.
Salir con guitarra en mano y un looper para ir pasando a la batería en algún momento y ver que no es una gran multi-instrumentista y tampoco un gran conocedor del looper. Más o menos 30 minutos de ruido y poco más. Al final, lo importante es que todo quedará en casa y así lo hizo.
La banda sonaba compacta, igual no son grandes músicos, o al menos no lo demostraban sobre el escenario, pero cumplían a la perfección su cometido
Vayamos al concierto, que es lo importante.
Sobre la hora prevista apareció Crowded House sobre el escenario, una nutrida banda, por cierto, con uno de los co-fundadores Nick Seymour al bajo, Mitchell Froom en los teclados, y los hijos de Neil: Liam a la guitarra y Elroy a la batería.
La banda sonaba compacta, igual no son grandes músicos, o al menos no lo demostraban sobre el escenario, pero cumplían a la perfección su cometido.
Hicieron un buen repaso a todos sus grandes éxitos: Weather With You, World Where You Live, Fall at Your Feet, la mayoría de ellas coreadas por el púbico, en gran parte maduritos, algo normal teniéndo en cuenta que el mayor auge de Crowded House fue en la década de los 80.
Se pasearon también, por algunos de los temas de su último trabajo: Teenage Summer, Black Water, White Circle, Thirsty, The Howl y Some Greater Plan (for Claire), éste último ya en los bises.
Casi la mitad del disco fue interpretado.
Hicieron también una versión del tema Message to My Girl, de los desaparecidos Split Enz, una banda donde también había militado el propio Neil Finn, así como su hermano Brian (Tim) Finn, que también había formado parte durante algunos años de Crowded House.
Los temas se iban sucediendo, a destacar ese repaso a sus grandes baladas, como pueden ser Finger Of Love, Four Seasons In One Day.
Aunque el éxtasis entre el público llegó con su famosísima Don’t Dream Is Over, que hizo las delicias del respetable.
A destacar, la gran voz que mantiene el frontman de Crowded House, que es Neil Finn, que con sus 66 años se le veía muy en forma, llegando a registros bastante altos.
Así mismo, hizo lo propio con guitarras acústica y eléctrica y el piano eléctrico. Es una delicia verle así, con un concierto que estaba sonando realmente redondo en todos los aspectos.
Como pega al concierto, la larguísima duración del mismo, aproximadamente 150 minutos, casi sin parones remarcables, aunque las guitarras de Neil y Liam entraban y salían rápidamente.
Demasiado largo para un grupo de éxitos, donde las restantes canciones en cada uno de sus discos apenas se conocen por el gran público.
Se podían haber ahorrado más de una a mi parecer, temas que no aportaban demasiado.
Como curiosidad, dos de los músicos, que según dijeron eran griegos, y que amenizaron con una canción tìpica del país que la banda aprovechó para bailar allí mismo.
Y como estábamos en clima mediterráneo, ya nos iba bien a todos.






Carlos Buendía
Podcaster. Técnico de Sonido.
Implementador WordPress. Colaborador de Riff Raff Discos.









