Maldita Música: The Sound (1/2)

The Sound 02

Esta semana, en nuestro Blog:

Maldita Música: The Sound (1/2)

Adrian Borland y The Sound, pilar fundamental del postpunk de los 80

Hay quienes nacen bajo la desafortunada estrella de ser los eslabones perdidos, aquellos que tienen que conformarse con ser «menores». 

Pero entre ellos podemos encontrar verdaderas joyas, sin embargo, olvidadas, enterradas entre la mediocridad perfectamente seleccionada. Este es el caso de Adrian Borland y The Sound.

Viendo el estado actual de la música popular contemporánea, o, al menos la que más se escucha y ocupa las esferas más altas en las listas de éxitos, podemos decir, por lo menos, que antes primaba, en cierto modo, la búsqueda de talentos. 

Y no son pocos los que trascendieron ese umbral de ser productos comerciales para convertirse en artistas.

Pero a pesar de esto, aún existen pobres personalidades —en todos los ámbitos— que han caído injustamente en el olvido.

La potencia de sus obras les volvió a poner, con el tiempo, de vuelta en la escena… Ni productores, ni trileros, ni títeres pudieron acallarles. 

No pudieron con Borland y su herencia; un pilar fundamental del postpunk de los años ochenta.

Pero como sucede con algunos de los más grandes, su historia, como la del divino príncipe del postpunk, Ian Curtis (Joy Division) tuvo un desenlace trágico: el 26 de abril de 1999, a los 41 años, Borland pondría fin a su existencia arrojándose a las vías del tren en la estación de Wimbledon.

Y es que no son pocos los artistas aquejados por algún tipo de trastorno mental: Syd Barret, de Pink Floyd, se dice que sufrió esquizofrenia y otras desafortunadas condiciones; Brian Wilson, fundador de The Beach Boys, genio musical, se vio consternado por el trastorno esquizoactivo; y también muchos otros a los cuales la depresión severa y el abuso de sustancias acabo con ellos, y con todo el talento que alguna vez poseyeron.

Borland padecía de la misma condición que el líder de The Beach Boys: un trastorno que induce a la depresión, la biopolaridad, la manía psicótica, delirios de persecución o grandeza, comportamiento errático, etc.

Como sucede con las grandes bandas de postpunk, The Sound partió de un sonido punk estándar, hasta convertirse en una letanía tenebrosa y apaciguada de sintetizadores y guitarras eléctricas en estratégica avanzadilla.

El primer éxito del grupo (llamado por entonces The Outsiders) fue en 1979, con el EP “Physical World”, pero no fue hasta un año después, con la realización del LP “Jeopardy”, cuando empezaron a ganar relevancia.

Realmente este primer álbum posee algunas de las canciones, para mi, más memorables de la banda: temas como “I Can’t Escape Myself”, “Words Fail Me”, “Missiles”, “Unwritten Law” y “Desire”, son dignas de mención.

El líder de The Sound, Borland no se conformaba con una lírica fácil y tontorrona; sus versos esconden un tedio, una parálisis, una agorafobia inenarrable en este mundo del que no hay escapatoria: la primera es clara expresión de ello, y hay una estrofa en particular que define todo lo que Borland más temía, su peor enemigo:

So many feelings pent up in here
Left all alone, I’m with the one I most fear
I’m sick and I’m tired of reasoning
Just want to break out, shake off this skin

Tantos sentimientos reprimidos aquí
Dejado de lado, estoy con quien más temo
Estoy enfermo y cansado de razonar.
Sólo quiero salir, sacudirme esta piel

“Missiles” es otro tema que hiela la sangre. Solo hay que escuchar a los sintetizadores alzarse con gallardía sobre el conjunto para sentir en la piel el sobrevolar de bombarderos a punto de devastar una ciudad… Una canción excesivamente relevante ahora mismo…

Missiles cause damage
And make an eerie sound
Missiles leave carnage
Where there once was a town

Los misiles causan daños
Y hacen un sonido espeluznante
Los misiles dejan masacre
Donde una vez hubo una ciudad

Atronadora, terrorífica, fascinante, pocos son los adjetivos que se le puedan atribuir a “Missiles”. Mejor escucharla.

Pero fue una canción en particular la que hizo que me quedase prendado de la música de The Sound, se trata del tema de cierre de su segundo álbum, “From Lion’s Mouth”: “New Dark Age”.

Empieza con una batería como de procesión, lenta y monumental, a la cual se añade la voz de Borland anunciándonos, cual profeta milenarista, una nueva era oscura:

In the darkest times
Darkest fears are heard
And from the safest places
Come the bravest words
Some make a quiet life
To keep this
Scared old world at bay
The dogs are howling on the street outside
So they close the curtains, hope they go away.

En los tiempos más oscuros
Se escuchan los miedos más lóbregos
Y desde los lugares más seguros
Emanan las palabras más valientes.
Algunos hacen una vida tranquila
para mantener esto
El viejo mundo asustado a raya
Los perros aúllan afuera en la calle.
Cierran las cortinas, esperan que se vayan.

Y luego arremete veloz el estribillo:

And it’s pressure from all sides
Coming down around our ears
Stuck in this room without a door
Scratched away at the
walls for years
All we’ve got to show is the dust on the floor
And here it comes, a new dark age.

Y viene la presión de todos lados
Descendiendo de nuestros oídos
Atrapado en esta habitación sin puerta
Arañando los muros durante años
Todo lo que tenemos para mostrar es el polvo en el suelo.
Y aquí viene, una nueva era oscura.

The Sound partió de un sonido punk estándar, hasta convertirse en una letanía tenebrosa y apaciguada de sintetizadores y guitarras eléctricas en estratégica avanzadilla

The Sound con Adrian Borland
The Sound con Adrian Borland

“New Dark Age”, como proclama apocalíptica, de atmósfera envolvente y devastadora, contrasta de un modo hiperbólico con la optimista “Winning”, canción que abre el álbum:

What holds your hope together
Make sure it’s strong enough
When you reach the end of your tether
It’s because it wasn’t strong enough
I was going to drown
Then I started swimming
I was going down
Then I started winning
Winning, winning, winning.

¿Qué mantiene unida tu esperanza?
Asegúrate de que sea lo suficientemente fuerte
Cuando llegues al final de tu atadura
Es porque no era lo suficientemente fuerte.
me iba a ahogar
Entonces comencé a nadar
yo estaba bajando
Entonces comencé a ganar
Ganar, ganar, ganar.